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"El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

2019.09.28 21:32 Enchilada_McMustang "El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día
Óscar Larroca
(Nota publicada en número 52 de "La Pupila")
Historia
"No existe la censura moral, solo la ideológica" Federico Fellini
La censura significa, ni más ni menos, la imposición de límites a la libertad de expresión. Antes bien, esa expresión puede estar habitada por la nobleza o ser denigrante y apologética de delitos. De todos modos, la censura a cualquiera de esas posibilidades expresivas será impuesta por sujetos con poder que han asumido la voluntad de silenciar todas las ideas contrarias a sus intereses, normas o convicciones religiosas. Esas ideas, controversiales y pasibles de ser censuradas se transmiten a través de la oralidad, la escritura o la imagen, siendo las artes (literatura y pintura, principalmente) los blancos preferidos por tiranos de diverso linaje. En efecto, al pincel, la pluma y la voz, se agregó un elemento tutelar: la tijera.
Podemos determinar los distintos tipos de censura en función de quienes la invocan: estatal y directa (como la llevada adelante por genocidas de la talla de Hitler y Stalin), estatal e indirecta (mediante recursos de amparo, decretos y leyes consensuadas en defensa de la minoridad y de una «moral media» pública), religiosa y directa (como la ejercida por la Santa Inquisición), y civil y directa (protagonizada por organizaciones civiles profascistas, organizaciones «familiares» provida, o colectivos de adscripción).
La censura moral estuvo ligada a las religiones monoteístas, las cuales han participado activamente durante siglos en la fiscalización de todo material producido por escritores, artistas visuales y dramaturgos. Así, se hizo tristemente famosa la «hoguera de las vanidades» organizada por Savonarola: un acto pedagógico y purificador hacia el pueblo florentino. Algo análogo a lo que en el transcurso de las centurias otros opresores han hecho usando también hogueras, potros de tormento, campos de exterminio, «justicias infinitas» y «guerras santas».
El argumento más utilizado a la hora de justificar la censura es la ofensa. En la Inglaterra del siglo XIX se pusieron de moda algunos eufemismos y circunloquios bajo ese fundamento. Llegó a ser impensable utilizar en sociedad la palabra leg (pierna), breast o su plural breasts (senos). Para que nadie pensara en las piernas, las de los pianos (piano legs) se disfrazaban con telas, y las patas de las mesas estaban cubiertas con largos manteles. Según el investigador G. Rattray Taylor, era incluso inaceptable preguntarle a una mujer en una cena: «May I serve you a leg of chicken?» («¿Le puedo servir una pierna de pollo?»). Tampoco se podía decir trousers (pantalones), mejor pues: femoral habiliments (prendas femorales).
En los países de habla hispana los rodeos léxicos se emplearon frecuentemente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los genitales, por obra y gracia del pecado original, se convirtieron en «partes pudendas», «las vergüenzas», «las partes menos honestas» y «las partes». Con la aparición de la censura como institución jurídica, los jueces debieron ser más precisos en la tipificación de las obras que incurrían en esa nueva figura delictiva. En principio, esta obligación legal y política por definir aspectos asociados a la ofensa o la discriminación fue asumida por el trabajo concreto (ad hoc) de los juristas que tienen por cometido trazar los límites de lo que es socialmente aceptable. Hasta el segundo tercio del siglo XX su trabajo consistía, en algunos casos, en determinar si el vello púbico podía ser mostrado en una escena cinematográfica, o cuándo exactamente un pene debía ser declarado en erección.
La Iglesia y el Estado han recorrido un imbricado y azaroso camino desde las persecuciones en tiempos del Imperio romano, pasando por el césaropapismo bizantino, las teocracias y el galicanismo, hasta los modernos Estados-nación, en los que el gobierno asume la totalidad del poder temporal en beneficio de la moral pública y la cohesión nacional por sobre la pluralidad de intereses y credos.
Volviendo al tema de la censura moral, en 1930, la Asociación de Productores Cinematográficos de Estados Unidos (MPPA) aprobó un código pudoroso, más conocido como Código Hays por el nombre de uno de sus mentores intelectuales, Will H. Hays, y conocido también como «La censura cinematográfica de Hollywood». Su marco regulatorio fiscalizaba las siguientes temáticas: crímenes, blasfemias, alcohol, danza, y, por cierto, el vestuario, la sexualidad y el desnudo. Hasta 1956 el código permaneció inalterado, pero entre ese año y 1963 tuvo sus modificaciones, inevitables, hasta su desaparición definitiva.
Medio siglo más tarde, la censura regresa de la mano de grupos que fomentan la corrección política y la defensa a todo aquel espectador que exprese haber padecido algún tipo de ofensa. Curiosamente, esos grupos pertenecen a movimientos políticos organizados vinculados a la izquierda, a la inversa de lo que sucedió históricamente donde los perseguidores estaban vinculados a corporaciones derechistas. Esta voluntariosa disposición de purificar de la plaza pública a los ofensores en nombre de «la verdad», se parece demasiado a la ideología totalitaria, hoy ejecutada por quienes ayer estaban comprometidos con la emancipación del sujeto. Obsérvese que estos colectivos progresistas son muy abiertos ante aquellas obras artísticas que evoquen el sadomasoquismo, la ingesta de drogas, la promiscuidad o la genitalidad (lo cual, en principio, habla acertadamente de quien no antepone «lo moral» por encima de la estética). A decir verdad, no manifiestan demasiados reparos ante la representación de la crudeza, la performance violenta o la pornografía. Solo disparan sobre la producción simbólica, por ejemplo, cuando el relato ofende a una raza (por ausencia, por contexto o por humor) o cuando ofende a la mujer (si el personaje es demasiado femenino, estereotipado o sumiso). También colocarán la mira sobre el autor de acuerdo a las acciones que llevó adelante en su vida privada.
“Dibujitos animados racistas y machistas”
Algunos colectivos afines a las minorías étnicas pidieron a Netflix que retire de su grilla la serie Friends, por considerarla racista y misógina. Al mismo tiempo aterrizaron en Hollywood para exigir a la industria del cine que incluya, para la elaboración de sus personajes de ficción, la diversidad racial, antropomórfica y sexual. Hay series para adolescentes como Popular (cuyo autor es Ryan Murphy, el libretista de Glee) en la que sus personajes son negros, coreanos, indios, latinos y descendientes de las tribus nativas de Norteamérica. También hay una cuota para adolescentes petisos (Zoey 101, de Nickelodeon) y otra para individuos transexuales. La señal FOX Premium anunció el comienzo de Pose, la primera serie subtitulada al español con lenguaje inclusivo («nosotres», «estimades amigues», etcétera). En Netflix sobreabundan los documentales apologéticos sobre drogas y las series con personajes homosexuales, pero al mismo tiempo la empresa cuenta con un «coordinador de intimidad» (un eufemismo para esquivar la palabra «censor»).
Con respecto a la «visibilización de la diversidad», esta no pasa por llevar a la ficción un personaje de cada etnia, género, cultura o talla corporal. La literalidad es patrimonio de la realidad (o de una parte de ella) pero no es un atributo de la ficción. Precisamente, esa cercanía con lo real ha provocado que algunos espectadores confundan simulacro con realismo, ficción con literalidad y humor con blasfemia. A tal punto que varios jóvenes estadounidenses exigieron a las autoridades de FOX y a los guionistas de la serie animada Los Simpsons que suprimieran de la serie al personaje Apu por considerarlo un estereotipo ofensivo hacia la raza india. Es decir, por un lado, existe un reclamo para que se habilite una cuota étnica y racial, pero por otro lado, si los guionistas incurren en alguna «broma cruel» (el italiano mafioso, el policía corrupto, el clérigo pedófilo, el indio lleno de hijos, la mucama mexicana) se evoca la etiqueta de la ofensa y se exige su retiro. En el año 2019, la empresa Disney decidió eliminar de Toy Story 2 una escena donde asoma un aparente hecho de acoso sexual. La escena transcurre dentro de la caja donde se encuentra Oloroso Pete y dos muñecas Barbie. Esto es lo que dice el muñeco: «Ustedes dos son de verdad idénticas. Puedo conseguirles un papel en Toy Story 3». Tras esta frase, el personaje mira a la cámara y advierte que lo están grabando: «Perdón. ¿Es la toma? Bueno, chicas. Fue un verdadero gusto. Y cuando quieran que les dé consejos de actuación será un placer ayudarlas». La escena hace referencia a lo que en Estados Unidos se conoce como casting coach, o «casting sábana» en el Río de la Plata, acoso denunciado por muchas actrices.
“Libros machistas para niños”
Una escuela pública de la localidad española de Sarriá (Barcelona) ha retirado de su biblioteca 200 títulos porque no son del agrado de los defensores de esta nueva agenda de derechos. «Cuentos emblemáticos como La leyenda de San Jordi, Caperucita roja o La bella durmiente son ejemplares de historias tóxicas en perspectiva de género». La censura se ha llevado a cabo después de un «análisis exhaustivo de su contenido» […] «Se ha concluido que la mayoría de los personajes femeninos son secundarios y se les atribuyen tareas de cuidados o maternidad o tienen roles relacionados con el amor» (sic). De hecho, solo el 11 % de los libros han sido considerados «positivos en perspectiva de género». Vale entender que estos personajes «positivos» carecen de relieve y conflictos: no tienen, por ejemplo, atributos vinculados al cuidado doméstico (de hermanos o ancianos), ni están vinculados a la maternidad («un estereotipo impuesto por el patriarcado y la heteronorma», dicen). La institución alega que «los cuentos que son sexistas pueden contribuir, a la larga, a actitudes machistas o, incluso, de violencia de género». Es decir, si un niño lee el «sexista» La bella durmiente, puede provocar que acabe siendo un maltratador de mujeres.
La crítica literaria española Ana Garralón se pregunta qué harán con los títulos censurados: ¿Acaso quemarlos, como hacían los nazis y los comunistas con los libros que consideraban incorrectos? La Constitución española ampara en su Artículo 20 el derecho a la creación literaria y prohíbe expresamente la censura previa, por lo que los censores se apresuraron a precisar que Caperucita roja finalmente no sería retirado, «si bien no había pasado el test» (sic).
Para Garralón, censurar libros destinados a los niños es una práctica tan arcaica como la historia del libro y de la pedagogía. A fines de la década de 1990 varios lectores se quejaron de que en el bestseller ¿Dónde está Wally? «aparecía una mujer en topless». Un poco de escándalo fue suficiente para «vestirla» en su siguiente tiraje de imprenta. Todo este control y amenazas veladas repercuten en los hacedores de libros: escritores, editores e ilustradores. La ambigüedad, necesaria en la literatura, empieza a evaporarse. El humor, que se basa en la parodia y en ridiculizar, es uno de los grandes ausentes. Y nadie quiere que le acusen de ofender a los demás.
En la década de 1980 se comenzó a utilizar en una universidad estadounidense el término «políticamente correcto» para evitar las ofensas, acaso como un reflote involuntario de los eufemismos creados por los ingleses a mediados del siglo XIX. En lugar de decir «negro» se debe decir «persona de color» o «afroamericano», entre otras recomendaciones de un muy extenso listado que busca suavizar los calificativos considerados como humillantes. En 1990, el comediante estadounidense James Finn Garner publicó un libro donde aplicaba esta norma. El volumen se tituló Cuentos infantiles políticamente correctos. El de Caperucita roja comienza así: «Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja, que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad.»
Garralón observa que la literatura en general y los libros para niños en particular se empiezan a leer bajo una mirada hipersensible. Blancanieves es considerada inmoral por convivir con siete enanitos y, desde luego, se persigue a las princesas por perpetuar «modelos patriarcales» (excepto las que se «deconstruyen»: no se depilan las axilas y eructan). Como se sabe, paralelamente a la censura ejercida por «otro más poderoso» debemos considerar la autocensura: reflejo voluntario o involuntario en el autor como consecuencia de estos sojuzgamientos sociales. Por lo tanto ¿cómo escribir sin temor ante esa vigilancia en un mundo que está leyendo todo de manera literal?
En Alemania, un clásico como La pequeña bruja, de Otfried Preussler, está siendo revisionado para que se suprima del texto a dos personajes: un niño disfrazado de esquimal y otro de niño negro. La editorial negocia duramente con los herederos, quienes se defienden diciendo que el autor no era racista. Pero eso no será relevante: la policía del pensamiento tendrá la última palabra.
No importa la procedencia del escritor ni lo que hayas escrito, dice Garralón. Si el autor osó escribir la palabra «negro» para referirse a un personaje de piel negra, toda su obra será cuestionada. Los valores estéticos no son tomados en cuenta. Cada grupo, además, tiene una legión de «escritores» que inspeccionarán los cuentos (los libres de derechos de autor) para readaptarlos según sus consignas. El caso más reciente es una versión de El Principito, titulado La Principesa. Las autoras indican que, además de ser una traducción de género, «se reescribe con una mujer protagonista que viaja a planetas donde los oficios son desempeñados indistintamente por hombres y mujeres, donde los animales reciben un trato más amable que en la obra original y la rosa se ha transformado en un clavel» (sic). No es posible imaginar qué cosa podría haber respondido Antoine de Saint-Exupéry ante la frase «…los animales reciben un trato más amable que en la obra original…».
“Arte machista para adultos”
Hasta aquí, un ligero resumen de lo que acontece en el mundo editorial. ¿Pero qué sucede con aquellos artistas que nos han legado una obra artística extraordinaria pero sus vidas privadas son objeto de condena? En los últimos dos años, Gustave Courbet, Auguste Rodin, Pablo Picasso, Charles Dickens, Albert Einstein, James Joyce, Steve McQueen, Robert Crumb, Mick Jagger, Morgan Freeman, John Belushi, Quentin Tarantino, Jorge Lanata, Alfredo Casero, Ricardo Darín y Osvaldo Laport han sido algunos de los muchos creadores, políticos, actores, periodistas y hombres de ciencia señalados como misóginos.
En el Reino Unido, la Manchester Art Gallery retiró una pintura del prerrafaelista William Waterhouse, Hilas y las ninfas (1896), para «abrir un diálogo en torno al papel de la mujer en el arte». En España, doce mil personas firmaron un manifiesto para que se retirara de una muestra transitoria la pintura Térèse soñando (1938), de Balthus: una jovencita que deja ver, de manera provocativa, su ropa interior.
La lista no se detiene allí. Woody Allen ha sido descalificado como depravado y señalado como un sujeto execrable que mantuvo una relación incestuosa con su hija adoptada, mientras Kevin Spacey fue denunciado como acosador. El documental Leaving Neverland (Dan Reed, 2019) aborda en sus casi cuatro horas de duración los abusos sexuales perpetrados por Michael Jackson. Si bien todas estas conductas deben ser evaluadas y condenadas en los estamentos legales correspondientes, los activistas intentan desplazar el repudio hacia las creaciones artísticas de los acusados. Así, los detractores han presionado a las instituciones culturales, sellos cinematográficos y cadenas de distribución para que las obras de los nombrados fueran quitadas de las galerías (Pablo Picasso), se les rescindiera sus contratos cinematográficos (Woody Allen, Kevin Spacey) o se los purgara de alguna serie de dibujos animados (Michael Jackson). Resta saber quiénes son los mentores principales que —acechando bajo el argumento del oprobio y las prendas de la diversidad— contribuyen con cuantiosos recursos económicos para que toda esta cacería planetaria sea simultánea, sistemática y organizada.
“Racismo”
En mayo del año 2019, la escuela secundaria George Washington de la ciudad de San Francisco decidió invertir 600.000 dólares para destruir una serie de trece murales que cubren 150 metros cuadrados y narran la historia del primer presidente estadounidense, George Washington. El autor de las obras, Victor Arnautoff, fue un artista soviético que había emigrado a Estados Unidos y que en la década de 1930 pintó murales en edificios públicos para la Administración de Trabajo del gobierno, un proyecto de Franklin Roosevelt para darle empleo a artistas desempleados por la Gran Depresión. En los murales de Arnautoff, Washington les da órdenes a sus esclavos, los exploradores matan indios y el prócer aparece rodeado de sirvientes.
La escuela eliminó esas pinturas, no porque defiendan la idea de un prócer impoluto, sino porque «la presentación de minorías solo como víctimas es una agresión a nuestro alumnado. Queremos brindarles a nuestros alumnos un ambiente seguro» (sic).
En Uruguay, en el año 2018, se suscitó una polémica a propósito de un cartel en el que se muestra a una mujer negra amamantado a un bebé blanco. El afiche respondía a la convocatoria anual que hacen los organizadores de la fiesta de la Patria Gaucha, en Tacuarembó. El MIDES, a través de la ministra Marina Arismendi, lo consideró «racista y retrógrado» («Nos atrasa un siglo y medio», dijo la ministra). Del mismo modo que alguien podría haberse visto afectado por alguna razón genuina (tatarabuelos negros y esclavos), también se podría ver un homenaje a la relación desinteresada entre una nodriza y un niño que necesitaba alimento. Se podrá refutar que quienes así opinan tienen una mirada ingenua y pastoril a propósito del sufrimiento que padecieron los esclavos. Sin embargo, podría haber tanto racismo en quien pide que se retire la figura de la mujer negra, como en quien utilizó la estampa de la misma mujer para promover un evento folclórico.
La Diputada por el Partido Nacional, Gloria Rodríguez Santo (una legisladora de piel negra), escribió lo siguiente: «Es en esa imagen del “ama de leche”, quizás por nuestro orgullo de ser afrodescendientes, que vemos un mensaje mucho más profundo y positivo que a la época o a las prácticas nefastas a las que pueda retrotraer.»
En Londres, la guionista británica Karla Marie Sweet se quejó de que no entendía la ausencia de actores negros en la exitosa serie de HBO Chernóbil, basada en la tragedia ocurrida en 1986 en la central nuclear de la Ucrania soviética. Sweet explicó en Twitter que se sentía «decepcionada» al ver «un programa exitoso con un elenco masivo» que invisibiliza a «las personas de color» (sic). En respuesta, uno de los comentaristas le respondió: «No había personas “de color” porque en esa zona de la ex Unión Soviética el tipo racial predominante es el blanco-rubio». Luego de ese intercambio, la guionista restringió el acceso a su cuenta. Pero, como señalé más arriba, la censura está dirigida no solo a la obra, sino también a sus autores. Si esos creadores, además, tienen un oscuro pasado en sus vidas privadas, tanto mejor. En este momento de revisionismo, un grupo de historiadores descubrió —hurgando en documentos y testimonios de su biografía— que Mahatma Gandhi llegó a abrazar el racismo durante su juventud. El objetivo es desacreditar sus acciones y echar por tierra su consagración como sujeto pacifista y líder de masas.
“Ciencia racista y misógina”
Según relata el crítico Jorge Barreiro, un grupo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Filadelfia pidió que no se dejara hablar, y que se despidiera, a la profesora —y feminista— Camille Paglia, una de sus académicas más prestigiosas, por sus críticas al feminismo hegemónico, a la teoría posmoderna del constructivismo sociocultural —personificado, según ella, en Foucault y Derrida— y a su oposición a la discriminación positiva en favor de las mujeres por considerarla una forma de minusvalorarlas. El rector se negó, finalmente, a las pretensiones censoras de los estudiantes. En algunas universidades australianas las carreras de los astrónomos y astrofísicos no dependen solo de sus méritos académicos, sino también de sus identidades personales —varón, blanco y heterosexual corren últimamente con desventaja— y de sus antecedentes en asuntos de «diversidad». Para aspirar a cargos y recursos —en astronomía— se exige al interesado que escriba una «declaración sobre diversidad» (sic).
A la psicóloga y socióloga estadounidense Linda Gottfredson le cancelaron una conferencia en la Universidad de Gotemburgo por sostener cosas tan «inauditas» como que hay evidencia de que algunas pautas conductuales no obedecen solo a construcciones sociales, sino también a factores genéticos. Se le comunicó que su invitación había sido anulada debido a las protestas de otros investigadores que sostenían que «las conclusiones no igualitarias» de Gottfredson contravenían las normas éticas del organizador. Pero la coerción hacia quienes piensan distinto no se suscita solo con la ciencia; el oscurantismo también afecta a principios democráticos y de igualdad largamente arraigados en nuestra tradición republicana, como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial, y a la libertad de creación artística, que ya se suponía a resguardo de los imperativos religiosos o morales. La carrera académica del profesor y abogado Ronald S. Sullivan Jr., el primer decano negro de la historia de Harvard, llegó a su fin cuando las autoridades de la universidad anunciaron que no le renovarían su mandato. Su pecado fue el de haberse sumado al equipo de defensa de Harvey Weinstein, el productor de Hollywood acusado de abusos sexuales y que disparó la creación del movimiento #MeToo. Los estudiantes consideraron que Sullivan «ya no era de fiar como académico» (sic). Se deduce que, para las autoridades de Harvard, una conquista civilizatoria como la presunción de inocencia —rubricada en la Constitución— y el derecho a disponer de abogados defensores, son meros detalles que deben sacrificarse en el altar de la lucha contra el sexismo.
Hay muchos más ejemplos de descalificación moral hacia los científicos «heréticos». La prueba más categórica es la reciente creación de la revista Journal of Controversial Ideas, para que los académicos que escriben sobre temas controvertidos (¿habrá algún tema científico que no haya sido controvertido en algún momento?) puedan publicar… anónimamente. Entiéndase bien: se está empujando a quienes tienen el genuino derecho a discrepar a que lo hagan, pero desde las sombras.
Uno de sus promotores, el profesor de filosofía de la Universidad de Oxford, Jeff McMahan, recordó que «Las amenazas de fuera de la universidad suelen provenir más de la derecha. Las amenazas a la libre expresión y a la libertad académica en el seno de la universidad suelen provenir de la izquierda».
Según Barreiro, sobre el clima intelectual imperante en la facultad de Ciencias Sociales de Uruguay, el profesor Nicolás Trajtenberg ha llegado a sufrir la estigmatización y la descalificación de quienes no adhieren a las corrientes de la izquierda identitaria hegemónica. Cualquiera que se atreva a desafiar el canon —marxismo cultural, feminismo de género y políticas identitarias en general— es tachado de sexista, racista, homófobo, islamófobo o «neoliberal» —incluso fascista, llegado el caso— porque, cuando se va escaso de argumentos, no hay mejor recurso que la descalificación ad hominem, previa alegación de ofensa. La advertencia para los futuros investigadores es clara: hay temas «sensibles» que no conviene abordar. No decir en público lo que se piensa en privado por temor al descrédito o el estigma es una decisión bastante corriente. Esto erosiona la libertad académica y de expresión en general, el progreso del conocimiento y hasta algunos principios básicos del orden democrático. Todo hallazgo científico —tanto de las ciencias naturales como de las sociales— debería ser impugnado, contradicho o cuestionado. ¿Por qué no refutar a Carl, a Paglia, a Gottfredson y a Sullivan? ¿Qué mal podría derivarse de confrontar ideas rivales?
Los ya célebres «espacios seguros» que reclaman los estudiantes en los campus anglosajones no refieren solo al acoso sexual o a que las autoridades eliminen «murales ofensivos». Un «espacio seguro» es también aquel en el que el educando se halla «a resguardo de las ideas que le hacen mal» (sic). Por tanto, esas ideas se suprimen.
Corolario
La idea de ficción, que madura en la Europa medieval con la eclosión de la novela, se ha quebrantado de forma grave en el siglo XXI, lo cual atenta contra su sentido de existencia. Hoy, si esa ficción quiere dar lucha por su libertad —en el debido marco del respeto y de lo que se supone se debe interpretar por humor o estereotipo—, deberá enfrentarse a dudosas adaptaciones, modificaciones, y formar parte de listas negras o escraches. Hace un tiempo anduvo circulando en las redes sociales un listado de «las diez canciones más misóginas de la música uruguaya» (sic). En el podio se hallaba el tema La hermana de la coneja (Jaime Roos/ Raúl Castro), pero las más cuestionadas siguen siendo las letras de tangos. «El tango no ha ofrecido una imagen de mujer autónoma y de avanzada, sino que tiene un claro componente machista y paternalista en sus letras, pero queremos otro tango» (sic), reclamó la senadora uruguaya Constanza Moreira, volviendo a confundir ficción con literalidad y testimonio histórico con ofensa y culpa social.
Varios observadores han advertido que en la historia contemporánea, quienes mejor han aplicado la lógica de estas acciones censoras, han sido aquellos regímenes donde universidad pública, partido y Estado son uno solo.
En suma, cuando las estructuras de poder aspiran a la prolongación inerte de sus dogmas, el artista y su obra terminan impugnados o directamente eliminados. A ese artista entonces se le teme, como se le temió a Masaccio, a Klimt, a Bellmer, a Manet, a Zola y a Onetti. Varios de ellos, expatriados o encarcelados. El humor, el arte, la libertad de expresarse fundada en la lengua «convencional» y —sobre todo— en la capacidad de simbolizar, se arrojan a la censura. Así como el Ku Klux Klan ordenó una fogata con discos de los Beatles en Texas en 1966, los nuevos emisarios del oscurantismo procuran arrojar a una nueva hoguera las obras que no se ajustan a los parámetros de sus agendas progresistas.
En consecuencia, la censura contra un arte que no se aviene a sus esquemas siembra el desprecio por el arte y la cultura, elimina el diálogo, fomenta la intolerancia y promueve la violencia. Será el triunfo de una literalidad plana bajo el cercenamiento a las libertades. Será, en nombre de la ofensa, el triunfo del fascismo.
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2015.08.01 11:37 Rihkantonio SOBRE LA NO PROCEDENCIA DE ACTUAR EN PERJUICIO DE LA ENSEÑANZA CONCERTADA.

UNA DE LAS TRES PROPUESTAS SOBRE ENSEÑANZA-EDUCACIÓN PRESENTADAS DESDE EL CÍRCULO ARROYO DE LA MIEL-BENALMÁDENA EN EL FORO POR EL CAMBIO (VALLECAS, 16 DE JUNIO, 2015. MESA DE EDUCACIÓN).
EL PESO DE LA ENSEÑANZA CONCERTADA Y PRIVADA EN ESPAÑA ES SENSIBLEMENTE SUPERIOR A LA MEDIA EUROPEA. Solamente Bélgica nos supera en número de alumnos atendidos en Primaria, Secundaria y Secundaria Superior. España tiene el 28% de alumnos en Primaria Concertada, y el 4% en Privada absoluta. En cuanto a la Secundaria Inferior (hasta 4º de ESO) los dos porcentajes se repiten, siendo ligeramente inferior el relativo a la ‘privada absoluta’ (un 3%). En la Secundaria Superior (bachillerato y FP superior) el 12% de los alumnos es atendido en la enseñanza privada concertada, y el 9% en la privada absoluta. Quitando el caso de Bélgica, el resto de los países se sitúan a una distancia importante con respecto a España (el siguiente es Francia que reduce estos porcentajes a menos de la mitad en Primaria, y seis puntos por abajo en Secundaria inferior, aunque en Secundaria superior casi triplica el porcentaje español.
Si partimos de esta realidad tenemos que ser muy cautos a la hora de plantear una reducción, por mínima que esta fuera, en las partidas dinerarias dirigidas hacia los centros concertados, ya que estos porcentajes no solamente pueden referirse al número de alumnos, sino que tienen una proyección hacia los porcentajes de profesores, PAS y empleados subsidiarios (servicios de reprografía, limpieza…) contratados por estos Centros privados concertados, cuyas nóminas, las de los profesores y cargos académicos, son ingresadas casi en su totalidad por las consejería de educación o por el MEC.
Por otra parte hemos de prever qué enorme esfuerzo económico supondría trasvasar todo este personal de la enseñanza concertada o privada, a la enseñanza pública para llegar a los niveles de Finlandia, Irlanda u Holanda en los que la enseñanza pública atiende casi al 100% del alumnado (en Alemania, por cierto, se está muy cerca de conseguir ese porcentaje de alumnos atendidos por la enseñanza pública: siempre están por encima del 90% (96-91-92: Primaria-Secundaria Inf-Secundaria Sup). Es poco discutible que en una situación como la que ahora estamos atravesando estas inversiones son poco menos que imposibles por antisociales ya que implicarían reducir los niveles de inversión en la misma enseñanza pública, y en todas las partidas públicas y asistenciales (paro, pensiones, dependencia, entre otras).
Ver estadísticas y gráficas en : http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/06/01/actualidad/1401644024_776502.html
Sin embargo en estas enseñanzas, en las enseñanzas concertadas y ‘públicas puras’, se dan situaciones de injusticia o de disfunción que no son compatibles con el hecho de que estén recibiendo estos Centros subvenciones públicas que se sitúan alrededor del 65% de la totalidad de sus gastos presupuestados curso a curso (nóminas fundamentalmente). He aquí una lista de estas disfunciones y/o injusticias que un Estado de derecho no debe ni tiene por qué tolerar, como de hecho se está tolerando hasta el momento sin que Consejerías ni MEC hagan gran cosa por solucionarlas mediante los informes y las sanciones correspondientes: -En no pocos colegios concertados no se bareman las solicitudes de ingreso a los mismos y no se ofertan debidamente las plazas escolares. Igualmente los controles para estas instancias de baremación para el acceso a estos centros, en los casos en los que existan, no son contraladas con la misma efectividad, produciéndose situaciones de amiguismo o enchufismo, cuando no de evitación de que ‘se les cuelen’ en los centros minorías no deseadas (emigrantes, alumnos con problemas de integración, practicantes de ‘otras’ religiones , y otras). -Las carreras docentes de los empleados como profesores ―actualmente, con una media de 24 horas lectivas a la semana― se ven perjudicadas en el sentido de que el desempeño de otras funciones, además de las de docencia, dependen de la voluntad de cuadros directivos (los ‘directores técnicos’) que han sido puestos a dedos por los socios capitalistas fundadores de los Centros (órdenes religiosas, o inversores privados), con lo cual la excelencia o la calidad pedagógica de estos centros está siempre supeditada a criterios no estrictamente pedagógicos sino de otra naturaleza (obediencia a las consignas ideológicas, ausencia de protestas o iniciativas por parte del profesorado, alejamiento de organizaciones sindicales, y otras). -Las actividades extraescolares, así como los servicios de comedor, transporte, y otros, al quedar fuera de las partidas concertadas, son ofrecidas a los alumnos, en muchos casos con la mediación de empresas subcontratadas, en condiciones que no resultan fáciles ―en muchos casos resulta imposible― de controlar por parte de los usuarios (de los alumnos y familiares) o beneficiarios de estas actividades y/o servicios. Las escasas atribuciones que en la organización de estos Centros tienen las APAS, así como su carácter subsidiario con respecto a los Consejos Escolares, que para más inri ven reducidas sus atribuciones en la LOMCE, acentúan estas deficiencias. -En la mayoría de los Centros concertados regentados por órdenes religiosas no se ofrece al alumno la opción de alternativa a la Religión Católica en condiciones de respeto a la opcionalidad de ‘no confesionalidad’ (sesiones de ‘atención educativa’ en el actual marco); ni tampoco la posibilidad de recibir otra atención a la ‘formación religiosa’ (en la LOMCE evaluable) que la de Religión Católica. -Existen Centros de alumnos segregados por sexo (para chicos o para chicas, exclusivamente) que reciben subvenciones y conciertos. En el curso 2013-2014 fueron cincuenta y cuatro en toda España (ninguno en Andalucía).
Pues bien la solución a situaciones como las descritas, que se mantienen e intensifican sus efectos en la actualidad, no pasan necesariamente por la ‘nacionalización total de la enseñanza’, ya que esta iniciativa, aunque sea perfectamente legítima y resulte posible desde el punto de vista normativo-ejecutivo no es viable en las actuales condiciones de emergencia social por la que atravesamos. La solución no puede ser otra que la de elevar las exigencias que las Consejerías, Delegaciones mediantes, hagan llegar a los Centros a través de los servicios de inspección, que han de ocuparse con mucha más intensidad y sin ninguna anuencia con los cuadros directivos de los Centros concertados del cumplimiento efectivo de lo que las leyes educacionales tienen ya establecido (por ejemplo en materia de baremación para acceder a estos centros concertados).
Y esto es así desde el momento en el que todas estas situaciones descritas son ilegales e improcedentes ya con los actuales marcos legales que regulan la Enseñanza en las comunidades. No hay que legislar, pues, en ese sentido, lo que hay que hacer es activar los mecanismos para que las leyes se cumplan. Así, por ejemplo, en Andalucía (pero no en Galicia, Cataluña, País Valenciano, País Vasco, Madrid, Castilla-León, Navarra, Murcia, Cantabria y La Rioja) se ha acatado la Sentencia del Tribunal Supremo que justificaba la retirada de subvenciones y conciertos a Centros que discriminaban por sexo. Esta sentencia ha sido posteriormente avalada por otras seis sentencias interpuestas por los Centros segregadores perjudicados por la misma.
Es mucho lo que queda por hacer y por legislar en materia educacional, pero hasta que no tenga vigencia una ley que podamos considerar ‘nuestra’ no podemos permanecer impasibles o conformarnos con la denuncia en los medios de las deficiencias del actual sistema. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos (derecho a la educación: art. 26, y 18) y desde la misma Constitución aún vigente (art. 27), y desde muchas normativas autonómicas vigentes estas situaciones de abuso y de conversión de la red de Centros Concertados en una red de Centros Privados es manifiestamente ilegal y contraria a todas las disposiciones que emanan de tales textos normativos. Y si es cierto que la inspección cumple una función social preeminente en materia de Educación una de sus pre-ocupaciones más destacadas sería la de velar porque estas inversiones, las que se hacen en centros concertados, tuvieran una plena justificación.
¿Que un Centro concertado regentado por una Orden religiosa no puede ofrecer a los padres una alternativa a la religión? ¿Que a un Centro concertado no puede dirigir su petición de ingreso un padre que no cumpla con una condición impuesta por el propio Centro? ¿Que los Centros concertados pueden programar actividades extraescolares fuera del alcance económico de todas las familias? ¿Que en los centros concertados los profesionales que trabajen en los mismos han de resignarse al estancamiento de sus carreras docentes?... todo eso, y tantas otras disfunciones que existen, no tiene por qué ser tolerado por el Servicio de Inspección. No hay que legislar en contra de todo eso. Ya es ilegal.
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2015.05.03 11:34 Znacheniye Prensa seria internacional. El régimen de Israel, EIIL y el reinado del miedo.

A medida que la campaña del miedo avanza hasta extremos cada vez más delirantes, los occidentales siguen siendo sumergidos en titulares sensacionalistas sobre “terrorismo de cosecha propia” y “reclutas occidentales de EIIL (Daesh, en Árabe)”.
Los Gobiernos de Estados Unidos, Australia, Canadá, el Reino Unido, Francia, Alemania y otros muchos, han estado últimamente a la caza, echándose encima de un puñado de los supuestos reclutas de EIIL antes de que estos pudieran viajar a Siria e Irak. Las detenciones parecen formar parte de un plan propagandístico orquestado primero, para mantener la falsa ilusión de que el Occidente está en realidad tratando de impedir que la gente se una a EIIL, cuando en realidad ha estado haciendo la vista gorda sobre este asunto y segundo, para justificar el creciente estado de vigilancia en el Occidente.
El ABC News informa que más de 2.000 occidentales se encuentran en las filas de los terroristas. Aun que según el informe la mayoría de estas personas pertenecen a las comunidades de inmigrantes, se puede ver también un gran número de occidentales que se han convertido al Islam y se han unido a EIIL y otros grupos terroristas que luchan para derrocar al Gobierno sirio. Teniendo en cuenta el alto nivel de vigilancia y seguimiento que las agencias de seguridad occidentales ejercen sobre las comunidades musulmanas, es increíble que todos estos individuos simplemente hayan evadido la inteligencia occidental que lo ve todo, que incluye la red de espionaje “Cinco Ojos” formado por los sistemas de espionaje de los EE.UU., Canadá, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia. Los enormes recursos de las agencias de espionaje de estos países, junto con el de los bandidos de exploración de datos de la NSA hacen difícil creer en que simplemente han sido incapaces de rastrear e intervenir antes de que un ciudadano occidental saliera de su país para unirse a algo que le han disfrazado como una guerra sagrada contra los adversarios de régimen de Israel en Siria, Irak y otras partes del Oriente Medio.
The Intercept reveló un informe sobre una reciente redada de FBI para detener a un presunto simpatizante de EIIL que planeaba supuestamente un ataque dentro de los EE. UU.; al igual que en casi todos los principales casos de los frustrados "complots terroristas" en la reciente historia estadounidense, el sospechoso fue incitado por los informantes del FBI. John T. Booker Jr. que fue arrestado por planear un ataque terrorista en nombre de EIIL se había ingresado en un hospital psiquiátrico un año antes de su detención. The Intercept informó que los dos informantes del FBI que inicialmente se pusieron en contacto con Booker Jr.: “le suministraron al joven de 20 años el material y el apoyo que causaron su arresto el viernes por un presunto plan de ataque que iba a llevar a cabo contra Fort Riley en apoyo del EIIL”.
Este ejemplo es solamente uno entre cientos de casos en los que el ejército formado por más de 15 mil informantes del FBI ha estado implicado. Un ejército que se ha infiltrado en las comunidades musulmanas para incitar y coaccionar los jóvenes impresionables y desmoralizados para que se impliquen en unos fabricados “complots terroristas” completamente ilógicos y condenados a fracasar.
Las autoridades canadienses a su vez han imitado las mismas tácticas inmorales del FBI; la de fabricación de complots terroristas a través de informantes. Un caso reciente es el de una torpe pareja colombiana-británica, John Nuttall y su esposa Amanda Koródy, que fueron empujados hacia una “conspiración terrorista” maquinada por agentes encubiertos de la Real Policía Montada del Canadá (RCMP, por sus siglas en ingles).
The Vancouver Sun informó que los agentes encubiertos “intentaron más de cuatro meses para hacer que John Nuttall forjara un verdadero plan[terrorista]”.Otro informe publicado por Sun describió la pareja terrorista como un par de adictos pobres y detalló cómo un agente encubierto les alentó a cada paso del camino, haciendo sugerencias sobre explosivos y objetivos.
Una historia que salió a luz a principios de este año, dio a conocer la política de doble rasero del Occidente en relación con EIIL. El Gobierno turco puso los datos relacionados con la identidad de un ciudadano sirio a la disposición de la inteligencia canadiense. La mencionada persona, que actuaba como un traficante de personas para EIIL, había escoltado a decenas de europeos incluyendo las tres colegialas británicas, a través de Turquía para llevarlas hasta las bastiones de EIIL en Siria.
“Las agencias noticieras de Turquía informaron ... que el agente de inteligencia extranjera que había sido detenido en este territorio bajo sospecha de haber ayudado a las tres chicas [británicas] para viajar a Siria e unirse a EIIL trabajaba para el Gobierno de Canadá”, declaró Ottawa Citizen en un informe sobre el escándalo. El agente en cuestión, Mohammed Mehmet Rashid, dijo a las autoridades turcas que había hecho viajes de rutina a la embajada de Canadá en Jordania, donde recibía sus órdenes de la agencia de espionaje de Canadá, CSIS. Esta embajada estaba encabezada por Bruno Saccomani, un exoficial de RCMP y el exjefe del destacamento de seguridad del primer ministro canadiense, Stephen Harper. Harper eligió personalmente a Saccomani como el embajador de Ottawa en Jordania.
Otra cuestión rutinaria pasada por alto por los principales medios de comunicación occidental es que EIIL no es el único grupo radical violento al que los ciudadanos occidentales están apresurando a unirse. Cientos de canadienses, estadounidenses, australianos y europeos se han unido a los militares israelíes en los últimos años para participar en el asesinato de miles de inocentes civiles palestinos y libaneses, la destrucción masiva de la propiedad de esta gente y otros crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
En un artículo titulado “Apoyar el turismo de terror con destino a Israel recibe créditos fiscales canadienses” Yves Engler, un experto en asuntos exteriores de Canadá, observa que, en Canadá, “es ilegal que los somalíes canadienses se vayan a Somalia para luchar mientras es legal que los judíos canadienses vayan a matar a palestinos en Gaza. Y si se les das dinero para apoyarlos, el gobierno te dará un Crédito de Impuestos de Beneficencia”. Engler documenta las actividades de las organizaciones de caridad que operan libremente en Canadá para reclutar jóvenes judíos para luchar por el régimen de Israel. “Por lo menos, 25 voluntarios de la zona metropolitana de Toronto participaron en el ataque de 22 días de régimen de Israel contra Gaza en 2008-2009, que dejó unos 1.400 palestinos muertos”, señala Engler para luego agregar que “durante el ataque de régimen de Israel contra El Líbano en año 2006, el Jewish News de Canadá informó que jóvenes canadienses abandonaban su hogar para unirse al ejército israelí”.
“El doble estándar es extrema”, escribe Engler, señalando que mientras les es prohibido a los canadienses alistarse en las fuerzas armadas extranjeras en virtud de la Ley de Conscripción y Alistamiento Militar, los judíos que disfrutan de un estatus privilegiado en Canadá y otros países occidentales no deben acatarse a esta ley.
El extremismo proisraelí del Gobierno canadiense mostró su fea cara en 2014, cuando el Gobierno de Harper añadió el nombre de IRFAN-Canadá, en su lista de las sancionadas organizaciones terroristas. La mencionada entidad, es una organización musulmana de caridad que ayuda a recaudar fondos para las víctimas de Gaza y la Cisjordania. Según la lógica prosionista del régimen de Harper, las organizaciones benéficas musulmanas que trabajan con los dirigentes democráticamente elegidos de Gaza con el fin de prestar ayuda humanitaria a los palestinos, están apoyando al terrorismo. Sin embargo, el Estado canadiense que ayuda a las organizaciones benéficas judíosionistas a recaudar fondos para los militares israelíes e incluso reclutar judíos canadienses radicales para luchar en guerras sangrientas de régimen de Israel estableciendo “créditos fiscales” para los donantes, no está apoyando al terrorismo.
Evidentemente, en el mundo prosionista con el que sueña Harper, “terrorista” es una palabra de desprestigio que se aplica exclusivamente a los adversarios del imperialismo israelí, mientras que un régimen que comete limpieza étnica y se mantiene por medio del soborno, el chantaje y el asesinato en masa es alabado al parecer por permitir que sus ciudadanos 'privilegiados' y los árabes privados de sus derechos de voto sigan viviendo una política sionista de terror.
Escrito por: Brandon Martinez
Brandon Martinez
Brandon Martinez es un escritor y periodista independiente de Canadá, especializado en política exterior, asuntos internacionales y la historia de los siglos XX yXXI. Durante años, ha escrito sobre el sionismo, la relación de régimen de Israel y Palestina, la política exterior canadiense y de EE.UU., la guerra, el terrorismo y el papel de los medios de comunicación en la política. Sus artículos y análisis han aparecido en Press TV, Veterans Today, Media With Conscience News, Whatsupic, Intifada Palestine, Information Clearing House, What Really Happened, y otros medios de comunicación alternativos. Es el co-fundador de Non-Aligned Media y el autor del libro “Grand Deceptions: Zionist Intrigue in the 20th and 21st Centuries”.
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2015.04.28 13:14 Znacheniye Prensa seria internacional. El régimen de Israel, EIIL y el reinado del miedo.

A medida que la campaña del miedo avanza hasta extremos cada vez más delirantes, los occidentales siguen siendo sumergidos en titulares sensacionalistas sobre “terrorismo de cosecha propia” y “reclutas occidentales de EIIL (Daesh, en Árabe)”.
Los Gobiernos de Estados Unidos, Australia, Canadá, el Reino Unido, Francia, Alemania y otros muchos, han estado últimamente a la caza, echándose encima de un puñado de los supuestos reclutas de EIIL antes de que estos pudieran viajar a Siria e Irak. Las detenciones parecen formar parte de un plan propagandístico orquestado primero, para mantener la falsa ilusión de que el Occidente está en realidad tratando de impedir que la gente se una a EIIL, cuando en realidad ha estado haciendo la vista gorda sobre este asunto y segundo, para justificar el creciente estado de vigilancia en el Occidente.
El ABC News informa que más de 2.000 occidentales se encuentran en las filas de los terroristas. Aun que según el informe la mayoría de estas personas pertenecen a las comunidades de inmigrantes, se puede ver también un gran número de occidentales que se han convertido al Islam y se han unido a EIIL y otros grupos terroristas que luchan para derrocar al Gobierno sirio. Teniendo en cuenta el alto nivel de vigilancia y seguimiento que las agencias de seguridad occidentales ejercen sobre las comunidades musulmanas, es increíble que todos estos individuos simplemente hayan evadido la inteligencia occidental que lo ve todo, que incluye la red de espionaje “Cinco Ojos” formado por los sistemas de espionaje de los EE.UU., Canadá, Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia. Los enormes recursos de las agencias de espionaje de estos países, junto con el de los bandidos de exploración de datos de la NSA hacen difícil creer en que simplemente han sido incapaces de rastrear e intervenir antes de que un ciudadano occidental saliera de su país para unirse a algo que le han disfrazado como una guerra sagrada contra los adversarios de régimen de Israel en Siria, Irak y otras partes del Oriente Medio.
The Intercept reveló un informe sobre una reciente redada de FBI para detener a un presunto simpatizante de EIIL que planeaba supuestamente un ataque dentro de los EE. UU.; al igual que en casi todos los principales casos de los frustrados "complots terroristas" en la reciente historia estadounidense, el sospechoso fue incitado por los informantes del FBI. John T. Booker Jr. que fue arrestado por planear un ataque terrorista en nombre de EIIL se había ingresado en un hospital psiquiátrico un año antes de su detención. The Intercept informó que los dos informantes del FBI que inicialmente se pusieron en contacto con Booker Jr.: “le suministraron al joven de 20 años el material y el apoyo que causaron su arresto el viernes por un presunto plan de ataque que iba a llevar a cabo contra Fort Riley en apoyo del EIIL”.
Este ejemplo es solamente uno entre cientos de casos en los que el ejército formado por más de 15 mil informantes del FBI ha estado implicado. Un ejército que se ha infiltrado en las comunidades musulmanas para incitar y coaccionar los jóvenes impresionables y desmoralizados para que se impliquen en unos fabricados “complots terroristas” completamente ilógicos y condenados a fracasar.
Las autoridades canadienses a su vez han imitado las mismas tácticas inmorales del FBI; la de fabricación de complots terroristas a través de informantes. Un caso reciente es el de una torpe pareja colombiana-británica, John Nuttall y su esposa Amanda Koródy, que fueron empujados hacia una “conspiración terrorista” maquinada por agentes encubiertos de la Real Policía Montada del Canadá (RCMP, por sus siglas en ingles).
The Vancouver Sun informó que los agentes encubiertos “intentaron más de cuatro meses para hacer que John Nuttall forjara un verdadero plan[terrorista]”.Otro informe publicado por Sun describió la pareja terrorista como un par de adictos pobres y detalló cómo un agente encubierto les alentó a cada paso del camino, haciendo sugerencias sobre explosivos y objetivos.
Una historia que salió a luz a principios de este año, dio a conocer la política de doble rasero del Occidente en relación con EIIL. El Gobierno turco puso los datos relacionados con la identidad de un ciudadano sirio a la disposición de la inteligencia canadiense. La mencionada persona, que actuaba como un traficante de personas para EIIL, había escoltado a decenas de europeos incluyendo las tres colegialas británicas, a través de Turquía para llevarlas hasta las bastiones de EIIL en Siria.
“Las agencias noticieras de Turquía informaron ... que el agente de inteligencia extranjera que había sido detenido en este territorio bajo sospecha de haber ayudado a las tres chicas [británicas] para viajar a Siria e unirse a EIIL trabajaba para el Gobierno de Canadá”, declaró Ottawa Citizen en un informe sobre el escándalo. El agente en cuestión, Mohammed Mehmet Rashid, dijo a las autoridades turcas que había hecho viajes de rutina a la embajada de Canadá en Jordania, donde recibía sus órdenes de la agencia de espionaje de Canadá, CSIS. Esta embajada estaba encabezada por Bruno Saccomani, un exoficial de RCMP y el exjefe del destacamento de seguridad del primer ministro canadiense, Stephen Harper. Harper eligió personalmente a Saccomani como el embajador de Ottawa en Jordania.
Otra cuestión rutinaria pasada por alto por los principales medios de comunicación occidental es que EIIL no es el único grupo radical violento al que los ciudadanos occidentales están apresurando a unirse. Cientos de canadienses, estadounidenses, australianos y europeos se han unido a los militares israelíes en los últimos años para participar en el asesinato de miles de inocentes civiles palestinos y libaneses, la destrucción masiva de la propiedad de esta gente y otros crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
En un artículo titulado “Apoyar el turismo de terror con destino a Israel recibe créditos fiscales canadienses” Yves Engler, un experto en asuntos exteriores de Canadá, observa que, en Canadá, “es ilegal que los somalíes canadienses se vayan a Somalia para luchar mientras es legal que los judíos canadienses vayan a matar a palestinos en Gaza. Y si se les das dinero para apoyarlos, el gobierno te dará un Crédito de Impuestos de Beneficencia”. Engler documenta las actividades de las organizaciones de caridad que operan libremente en Canadá para reclutar jóvenes judíos para luchar por el régimen de Israel. “Por lo menos, 25 voluntarios de la zona metropolitana de Toronto participaron en el ataque de 22 días de régimen de Israel contra Gaza en 2008-2009, que dejó unos 1.400 palestinos muertos”, señala Engler para luego agregar que “durante el ataque de régimen de Israel contra El Líbano en año 2006, el Jewish News de Canadá informó que jóvenes canadienses abandonaban su hogar para unirse al ejército israelí”.
“El doble estándar es extrema”, escribe Engler, señalando que mientras les es prohibido a los canadienses alistarse en las fuerzas armadas extranjeras en virtud de la Ley de Conscripción y Alistamiento Militar, los judíos que disfrutan de un estatus privilegiado en Canadá y otros países occidentales no deben acatarse a esta ley.
El extremismo proisraelí del Gobierno canadiense mostró su fea cara en 2014, cuando el Gobierno de Harper añadió el nombre de IRFAN-Canadá, en su lista de las sancionadas organizaciones terroristas. La mencionada entidad, es una organización musulmana de caridad que ayuda a recaudar fondos para las víctimas de Gaza y la Cisjordania. Según la lógica prosionista del régimen de Harper, las organizaciones benéficas musulmanas que trabajan con los dirigentes democráticamente elegidos de Gaza con el fin de prestar ayuda humanitaria a los palestinos, están apoyando al terrorismo. Sin embargo, el Estado canadiense que ayuda a las organizaciones benéficas judíosionistas a recaudar fondos para los militares israelíes e incluso reclutar judíos canadienses radicales para luchar en guerras sangrientas de régimen de Israel estableciendo “créditos fiscales” para los donantes, no está apoyando al terrorismo.
Evidentemente, en el mundo prosionista con el que sueña Harper, “terrorista” es una palabra de desprestigio que se aplica exclusivamente a los adversarios del imperialismo israelí, mientras que un régimen que comete limpieza étnica y se mantiene por medio del soborno, el chantaje y el asesinato en masa es alabado al parecer por permitir que sus ciudadanos 'privilegiados' y los árabes privados de sus derechos de voto sigan viviendo una política sionista de terror.
Escrito por: Brandon Martinez
Brandon Martinez
Brandon Martinez es un escritor y periodista independiente de Canadá, especializado en política exterior, asuntos internacionales y la historia de los siglos XX yXXI. Durante años, ha escrito sobre el sionismo, la relación de régimen de Israel y Palestina, la política exterior canadiense y de EE.UU., la guerra, el terrorismo y el papel de los medios de comunicación en la política. Sus artículos y análisis han aparecido en Press TV, Veterans Today, Media With Conscience News, Whatsupic, Intifada Palestine, Information Clearing House, What Really Happened, y otros medios de comunicación alternativos. Es el co-fundador de Non-Aligned Media y el autor del libro “Grand Deceptions: Zionist Intrigue in the 20th and 21st Centuries”.
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